El Jardín de Niños, una experiencia
Educativa que inicia a los
pequeños en el descubrimiento
del ámbito social y cultural que aporta
las bases para desarrollar su autonomía.
¿Alguna vez ha tenido la oportunidad de observar a los niños pequeños interactuando socialmente?, ¿Se ha detenido a identificar los valores que conoce, los que aplica y los que aun no maneja? Seguramente usted contará con diversas experiencias al respecto. Solo es cuestión de recordar a nuestros hijos o alumnos en sus primeros días de escuela: es recordar ese llanto interminable impregnado con el fuerte sentimiento de abandono, o quizás esa lucha campal por las crayolas o el juguete del compañero, tal vez, la súplica de aquél pequeño que no quiere regresar al colegio porque se sienten agredidos por otros compañeros o su maestra. En ocasiones estas manifestaciones podrían causan hilaridad o grandes preocupaciones al concebirlas como primitivas o típicas de la infancia, denotando una escasa autorregulación, un manejo básico o nulo de algunos valores o tal vez un incipiente autoconcepto, al reconocer que nuestros pequeños hacen grandes esfuerzos para adaptarse a las normas y valores sociales o a su cultura.
El tránsito de la niños de 3 a 6 años por el nivel preescolar, es altamente significativo destacando las primeras exploraciones sociales que establecen con sus iguales y con adultos fuera del ámbito familiar, las características de la conducta infantil en el ámbito educativo, las manifestaciones prosociales que establece y la puesta en marcha de valores propios de su cultura, destacando como los alumnos y las docentes a su cargo forman una comunidad dinámica y permanente de aprendizaje en relación a los valores, la ética en su contexto para apropiarse progresivamente de su cultura.
Los proceso de construcción de la identidad personal, emocional y social se dan de manera acelerada durante la primera infancia y primordialmente al ingresar al nivel preescolar, al ser un espacio donde a la necesidad de relacionarse interpersonalmente con otros individuos y sobrellevar las exigencias del diario vivir. Este espacio de relevante importancia, obliga a los pequeños a aprender a regular sus emociones de manera gradual como parte de su propio desarrollo y para complementar esta idea es indispensable recatar la aportación de Puig Rovira (2000, cit en Osorio, 2000) que reconoce que la moral no está establecida por las generaciones anteriores, ni tampoco se descubre o elige de manera casual, más bien exige que el individuo lo construya de manera personal, social y cultural.
Durante este periodo de descubrimientos, construcción y aprendizajes significativos, se reconoce que los niños han logrado un amplio e intenso repertorio emocional que permite la identificación con sus iguales, estableciendo relaciones de empatía, al desprenderse progresivamente de su egocentrismo característico, dando lugar a la socialización para acceder paulatinamente a la independencia y la autonomía de su pensamiento, de sus reacciones, así como de sus sentimientos.
Por tanto, es importante considerar lo mencionado por Andrade (2006) que destaca las posibilidades de la educación institucional como el medio idóneo para constituir e ir conformando la enseñanza sistemática de los valores, la moral, y los hábitos compartidos.
El jardín de niños favorece el enriquecimiento de los aprendizajes sociales influidos por las características familiares, ante la posibilidad de aproximarse a interacciones reales, involucrándose en forma diferente y permitiendo de esta manera compartir saberes previos mediante una comunicación permanente.
Nuestros niños al adaptarse al contexto escolar, establecen lazos cercanos de amistad, tolerancia, respeto y empatía que adquieren de manera gradual e independiente, con ritmos y formas diferentes, mediante el trabajo en pares, equipo o en colaboración; ante la posibilidad de descubrir colectivamente su entorno próximo, a través de la adopción de conductas prosociales que involucran inevitablemente principios éticos definidos, costumbres y normas sociales específicas.
La implementación de valores, de la ética y la moral, son aspectos muy difíciles de entender para el niño. Y no sólo se le dificulta entenderlos, sino vivirlos, para relacionarlos al comunicarse con los demás. Por tanto es indispensable brindar un sinfín de posibilidades para que aprendan hábitos de cortesía y respeto al trabajar en grupo y en colaboración, logren escuchar no solo hablar, hagan uso de normas comunes para el trabajo en equipo, al tomar conciencia de tareas y responsabilidades comunitarias.
El “juego” es el medio perfecto para que los niños aprendan a compartir, representando roles, imaginando y simulando; estimulando su creatividad e ingenio para que se diviertan y demuestren su alegría. A la vez se enfrentan a la necesidad de superar la frustración, aprenderá a vivir la tristeza, a experimentar las primeras limitaciones, logrando cristalizar el carácter, la voluntad y la personalidad.
Al empezar a controlar su conducta, sus emociones y sus sentimientos comienzan a respetar normas, aprende a controlar sus necesidades fisiológicas, iniciando la organización de una vida responsable, controlando sus impulsos, logra despertar la toma de conciencia del mundo que lo rodea y su naturaleza dando inicio al conocimiento formal de su entorno.
